Relatos del CICIMAR

En las profundidades del B/O Altair: una aventura CICIMAREÑA

Migrantes

Por: José R. Hernández Alfonso (Pepe Hdz.)

En las aguas del puerto de Cabo San Lucas, donde el horizonte se encuentra con el vasto océano Pacífico, se alzaba el buque oceanográfico "Altair" de la Marina Armada de México. Sus robustos motores anunciaban que estaba próximo a zarpar en busca de conocimiento del plancton en ese vasto océano. En su interior, un grupo de entusiastas estudiantes e investigadores del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas (CICIMAR), entre ellos: José Reyes Hernández, Cenobio Jiménez, Gerardo Verdugo, Marcos Sánchez, Jaime Gómez, René Magallanes (QEPD), Gerardo Aceves, Francisco Gómez y Raúl Ocampo (QEPD), se embarcaban en una jornada llena de descubrimientos y desafíos.

El despertador resonaba en las modestas cabinas del buque a las 5:30 de la mañana, estudiantes e investigadores sabían que el trabajo no esperaba, y con mucho ánimo se preparaban para el día por delante. Cinco minutos de agua era el tiempo con el que disponían para lavarse la cara y asearse, antes de dirigirse a la sala de reuniones donde discutían los objetivos del día con el jefe de crucero, el M. en C. Marco Sánchez, así como, con el capitán del B/O Altair, para posteriormente llevar a cabo el muestreo de plancton y su preservación y análisis en los laboratorios de la embarcación.

A medida que el sol se alzaba sobre el horizonte, el grupo se dividía en guardias que podían ser de día o de noche porque el trabajo era arduo y continuo. Algunos que no tenían guardia, se dirigían al gimnasio de a bordo en la mañana o al caer la tarde, el cual se ubicaba junto a la chimenea principal de la embarcación, para hacer ejercicio antes de sumergirse en sus tareas rutinarias. El ejercicio era esencial para mantenerse en forma y así, estar listos para las exigentes jornadas de muestreo en cubierta y en los laboratorios en medio del océano.

Pepe Hernandez y Cenobio Jimenez

En el laboratorio húmedo, ubicado en la popa del buque, los estudiantes e investigadores analizaban los datos obtenidos de los parámetros ambientales y las muestras del plancton recopiladas del océano. Equipos de medición como CTD, roseta y botellas oceanográficas, redes de fitoplancton y zooplancton (bongo), así como, microscopios y equipos para medir oxígeno disuelto llenaban los laboratorios. Cada detalle importaba, ya que sus investigaciones ayudarían a comprender mejor dinámica de los ecosistemas marinos y, en particular el ciclo de vida del plancton, piezas clave del equilibrio de los océanos.

Los desayunos, comidas y cenas, eran momentos importantes para la convivencia con la tripulación y los oficiales, compartiendo historias y risas mientras disfrutaban de comidas “nutritivas”. De esta forma, la Marina Armada de México se aseguraba de que todos tuvieran lo suficiente para mantenerse energizados durante las largas horas de trabajo y, si alguien se quedaba con hambre, había una tiendita, como la de la esquina de la casa, donde se podían comprar sodas, papitas, galletas, dulces y demás. Los estudiantes e investigadores del CICIMAR tenían ratos de esparcimiento en la biblioteca de la embarcación en donde había la posibilidad de ver la TV, jugar cartas o simplemente leer un buen libro y descansar.

Un día como al medio día, mientras el B/O Altair se encontraba navegando en aguas nacionales dirigiéndose a la siguiente estación de muestreo, la tranquilidad se vio interrumpida, ya que en el horizonte avistaron un barco de pesca chino que parecía abandonado. Al tratar de comunicarse por radio y no recibir respuesta, las sirenas resonaron en todo el buque para tratar de llamar la atención al “buque fantasma”, poniéndose la tripulación en alerta máxima.

Una lancha patrulla de la Marina Armada de México con algunos elementos fuertemente armados: pistolas, rifles de asalto y chalecos antibalas, que parecía una película “hollywoodense”, de esas que vemos en el cine o en la TV, se alistaba para ser botada para acercarse a la embarcación “fantasma” e investigar. Estudiantes e investigadores del CICIMAR se resguardaron detrás de otras lanchas patrulla y de salvavidas mientras que la tensión aumentaba al no recibir una respuesta por radio del barco de pesca chino. Finalmente, tras varios intentos de comunicación, el barco fantasma chino respondió, resultando ser un malentendido porque sus radios no estaban funcionando bien, por lo que la tensión disminuyó y las aguas volvieron a su calma habitual. Sin embargo, este incidente recordó a todos a bordo, que el B/O Altair no sólo fue diseñado y modificado para el apoyo y desarrollo de actividades de investigación sino también para defender la soberanía, seguridad y vigilancia de nuestras aguas nacionales.

Pasados 15 días de arduo trabajo en las agitadas aguas del Pacífico Mexicano, el grupo de estudiantes investigadores de CICIMAR completaron su misión a bordo del B/O Altair. A medida que el buque se alejaba de las aguas en las que había navegado, sintieron una sensación de logro y satisfacción al ver que habían recopilado una gran información oceanográfica: temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y nutrientes entre otros, así como, una gran cantidad muestras biológicas del plancton (fito, zoo e ictioplancton) que tendrían que continuar analizando una vez que llegaran a tierra y se reincorporarán a sus actividades cotidianas en el CICMAR. Habían contribuido al conocimiento de los océanos y la vida marina, en este caso el plancton. Aunque su jornada en el B/O Altair llegaba a término, su compromiso con la exploración y la protección de los mares perduraría.

Así, en las profundidades del B/O Altair, estos valientes estudiantes e investigadores habían vivido una experiencia única, llena de desafíos y descubrimientos, mientras se esforzaban por entender y proteger el vasto y misterioso mundo marino que yacía bajo la superficie del océano.